miércoles, 18 de agosto de 2010

PORTEO Y DISPLASIA DE CADERA











Hablamos muchas veces de la importancia de que el niño mantenga una postura correcta de su espalda y, sobre todo, de su cadera. Y es que la maduración de esta articulación ese fundamental en su desarrollo, hasta el punto de que los niños que nacen con un problema en la cadera pueden sufrir graves trastornos si no son diagnosticados a tiempo o son tratados erróneamente.Uno de los problemas más frecuentes es la displasia de cadera, antes llamada luxación congénita de la cadera, y actualmente displasia evolutiva o del desarrollo de la cadera.


Es un desarrollo anormal de la articulación que hay entre el hueso del muslo (fémur) y la cadera, que provoca un desplazamiento hacia fuera del fémur, que cuando llega a salirse totalmente se denomina luxación; se produce antes del nacimiento, durante el parto o incluso poco después de éste.
El índice de incidencia se sitúa en el 3 por mil, y curiosamente, afecta con más frecuencia a las niñas, que lo sufren en el 80% de los casos, y a la cadera izquierda con más frecuencia que a la derecha.En cuanto a las causas, se desconocen, aunque se piensa que pueden provocarla malas posturas del feto en el útero, la herencia familiar, el efecto de algunas hormonas maternas,... Sí que se tiene constancia de que hay algunas circunstancias que aumentan las posibilidades de padecerla, como antecedentes, hipertensión materna durante el embarazo, escasez de líquido amniótico, embarazo prolongado o múltiple, cesárea, presentación de nalgas,...Respecto a los síntomas, no suelen aparecer hasta que el niño comienza a caminar, por lo que es importantísimo su diagnóstico precoz desde el nacimiento por medio de exploraciones, ya que más adelante, puede producir un retraso en la edad a la que el niño empieza a andar, con una cojera o “marcha de pato”, pudiendo producir dolor a partir de los cinco años.Al ser tan importante el diagnóstico precoz, el seguimiento comienza desde el primer reconocimiento que se realiza a los recién nacidos en la sala de partos, y en las sucesivas visitas de control de niño sano, momentos en que el pediatra explorará atentamente la forma y movilidad de las caderas del niño para detectar algún indicio de inestabilidad o desplazamiento. En ese caso, se realizará ecografía de las caderas, si el niño tiene menos de 3 ó 4 meses de edad, o una radiografía si el niño es mayor, para observar con detalle la articulación, enviando luego al niño al traumatólogo si fuese necesario.En cuanto al tratamiento, depende de la gravedad del desplazamiento y de la edad a la que se diagnostique: cuanto antes se detecte, antes comenzará el tratamiento y mejor será el resultado.En definitiva, de lo que se trata es de recolocar el fémur correctamente en la cadera y mantenerlo así. Hasta los 6 meses, esto se consigue mediante la colocación al niño de un arnés o sistema de correas que debe llevar colocado por encima de sus ropas constantemente, durante varias semanas o meses, hasta que se compruebe la estabilidad de la cadera, tratamiento efectivo en el 90% de los casos. Pero si la displasia se diagnostica cuando el niño ya ha comenzado a gatear, o el uso del arnés no ha resultado efectivo, el tratamiento puede llegar a ser más complejo o molesto, dependiendo del grado de la displasia, llegando a requerir la tracción continua de muslo durante varias semanas con un complicado sistema de poleas, seguida de una operación quirúrgica consistente en reducir o recolocar la articulación; posteriormente, para estabilizarla, se enyesa la cadera durante varios meses, a pesar de lo cual, pueden quedar secuelas como cojera, acortamiento de un muslo, etcPortabebésEn casos leves de displasia (cuando, por ejemplo, la recomendación es el doble pañal) sí que se ha demostrado efectivo el uso de portabebés adecuados, que ayudan al bebé a mantener una postura correcta, que garantice que la cabeza del fémur se encuentra totalmente dentro del acetábulo de la cadera; para ello, las piernas deben estar abiertas haciendo entre ambas un ángulo de 90 º, y la rodilla debería estar flexionada hacia arriba, haciendo un ángulo de más o menos 45º con el cuerpo, ya que cuando las piernas están estiradas con los pies paralelos (posición anatómica), la cabeza del fémur no queda totalmente cubierta por el cotilo, su parte delantera permanece al descubierto; esta es la posición que el niño adquiere en algunos portabebés no adecuados, en los que las piernas del bebé "cuelgan" de su cuerpo.La posición en la que las superficies articulares tienen un máximo de contacto, es la descrita anteriormente: la combinación de flexión, abducción y rotación externa, posición que se toma espontáneamente para lograr el reposo de la articulación; y precisamente esa es la posición que adopta el bebé en los portabebés correctos (fular, mei-tai, bandolera, pouch, mochila ergonómica…)De hecho, las mujeres de todas las culturas del mundo han cargado a sus bebés en esta postura de forma natural, sin saber de anatomía, de fisiología del bebé ni de abducción de la cadera…simplemente observando cómo su bebé iba cómodo y tranquilo cerca a su cuerpo y se desarrollaba sano…Cuando la displasia es más grave o se diagnostica más tarde, si el especialista lo estima oportuno, entonces hay que colocar al niño un arnés o una férula. En este caso, el uso del fular es muy positivo, ya que generalmente con estos aparatos se hace difícil sentarse en la silla, y las miradas pueden ser crueles. Al garantizar la misma postura que les obliga a mantener el arnés o férula, el niño va más cómodo y mucho más discreto, ya que los arneses se ven mucho menos.Además, el hecho de llevar a nuestro hijo bien cerca de nosotros reporta al niño, y también a los padres, una serie de beneficios emocionales que, cuando hay que sobrellevar un problema así, son todavía más importantes.En primer lugar, el bebé, el niño, está preparado instintivamente, para ser llevado, y no para ser dejado solo. Cuando además, el niño está incómodo por la necesidad de llevar un aparato en su cuerpo, esa necesidad se agudiza, porque se sienten inseguros.Además, en un momento en que sus movimientos (no olvidemos que, aun pequeños, los bebés se mueven) están limitados, el contacto sobre la piel y el balanceo son estímulos básicos.Por otra parte, al no estar solo, corre menos riesgo de sufrir un accidente.Los bebés portados, por otro lado, suelen estar más contentos y lloran menos, por lo que su cuidado es más sencillo.Por último, en un momento en que muchos padres se sienten mal, porque la mayoría de las veces sienten que la culpa es suya (por mucho que los demás insistamos en que no lo es), el hecho de poder llevar al niño, verle contento y feliz y notal cómo está más cómodo, también hace mucho a favor de su autoestima.En definitiva, el uso de portabebés es adecuado, no sólo en la vida diaria, sino cuando existe un problema como la displasia de cadera.
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Etiquetas: porteo · displasia

2 comentarios:

Cucolinet dijo...

Muy buen artículo. Te iba a preguntar si podía compartirlo y ponerlo en mi blog, pero a la vista de que al final dices que se comparta, pues voy a ello.
¡Gracias!.

almarna dijo...

Buena info!
Doy fe de que se puede portear estupendamente con mochila ergonómica a un bebé de 6 meses y 8kg con un cuna splint puesto (es el aparato que lleva el niño que está durmiendo boca abajo en la foto)